Boca abajo
Siento que descanso. Que mi cuerpo se aleja de esa ciudad a la que pertenece día a día, mientras estoy boca abajo escuchando esa suave melodía que emana de un artefacto cualquiera en un lugar cualquiera.
Me doy cuenta de que pienso sin necesidad de tener un tema en el cual pensar. Que mi mente se disgrega en la vaga idea que recorre mi pensamiento en ese momento y en la idea de que estoy pensando con la facilidad de no pensar. Una sutileza extraña a la que mi cuerpo no esta acostumbrada, pero a la que se aferra casi como extendiendo los brazos a los brazos de la madre.
Pienso entonces en lo fácil que es dejarse ir en los pensamientos sin necesidad de profundizar en ellos, pero sin embargo, introduciéndote hasta el más recóndito espacio a los que estos pueden dar cabida. Una armonía sin precedentes me habla nuevamente de lo que ya he vivido antes.
Escucho la voz de un personaje cualquiera y entro en una encrucijada al intentar seguir las indicaciones que este me da. Tic tac, son solo segundos en los que mi mente esta enrielada otra vez en lo que venia imaginando, pero esta vez, la postura de tu cuerpo ha adoptado la que le fuese indicada por la voz de ese cualquiera. Mi mente, en cambio, no sufrió más alteraciones en la labor a la que se avocaba y continúa cayendo en el abismo de esa reflexión total e inexistente.
Al paso de los minutos, y como si mi vida ya estuviese marcada de ese modo, entra en el juego de este pensar el recuerdo de tu cuerpo tendido boca abajo. Soy yo. Lo tuyo ha entrado en el espacio que ocupa mi cuerpo en este instante, apoderándose de todo y dejando un trozo de mí en el vacío más completo que puede haber dentro de un lugar cualquiera. Eres tu mi cuerpo, tu mi pensar.
Quiero despertar. Quiero despertar y atrapar esa fracción interminable en la que vivo siendo tú. Dejarla para mí por lo que dura ese momento cualquiera y gastarla hasta sentir todo lo que quiero sentir, todo lo que ya he sentido contigo. Lo logro. Lo tengo poseído en mi mente, aun siendo mis pensamientos los tuyos y mi cuerpo el tuyo desde hace ya minutos atrás. Estoy fraccionando el punto que queda de mi mente libre del querer de tu pensar. Libre de tus ideas, de tus reflexiones también inexistentes. Entonces es cuando te veo tendida sobre mi cual rocío que se entrega libre a cada mañana al cuerpo de las hojas, de las rocas, de la ciudad inagotable. Mi cuerpo ha dejado de ser el tuyo y tu pensar el mío. Somos dos gotas de rocío sobre un trozo de espera cualquiera. Ya los ojos ven sin necesidad de estar abiertos, como los labios, que ya besan sin siquiera decir un beso, por favor.
Para cuando la música termina, la ciudad entra en el espacio cualquiera. Mi cuerpo esta tendido aun boca abajo, mi mente a dejado de hacer lo que pareciera dejó de hacer durante todo este instante, y mi cuerpo esta mojado a la altura de la cintura.
He vuelto a caminar por la ciudad y lo que fuese tenerte sobre mí en ese lugar cualquiera vuelve a ser solo el deseo de tenerte sobre mí en la realidad.
Sábado, septiembre 17, 2011 a 12:48 am
dos en uno…me gustó mucho.