Fluoxetina, Amiga o enemiga?
Los inhibidores de la recaptación de serotonina (IRSS) constituyeron la tercera ola de fármacos antidepresivos tras los IMAO (inhibidores de la MAO) y los tricíclicos. En su puesta a punto intervino ya el proceso de diseño racional de fármacos, en el que, entre otras cosas, se analiza la estructura de la molécula activa o fármaco asi como la del receptor celular sobre el cual ha de unirse aquel, estableciendo relaciones entre ambas estructuras y en torno a la estructura-actividad de dicho fármaco o molécula activa.
La fluoxetina fue puesta en el mercado en 1986 y ganó rápidamente popularidad. El Prozac fue su presentación más conocida y pasó a formar parte del folklore de la sociedad occidental, avida de divinidades, que lo consideró desde entonces algo así como una droga mágica, la “droga de la felicidad”. Su nombre, Prozac, aparece en las conversaciones, chascarrillos varios y títulos de novelas y ensayos. Pero todo lo que sube, baja, y ahora nos enfrentamos a un vigoroso movimiento crítico no sólo en contra de la fluoxetina, sino contra todos los IRSS. Hemos pasado, por parte de ciertos sectores al menos, de una admiración incondicional hacia esa nueva “bala mágica” a ataques no pocas veces frívolos e infundados. Frente a los IRSS, se sugiere no sólo el Hypericum o Hierba de San Juan -que al fin y al cabo, al ser fitoterapia, sigue basándose en acciones farmacológicas de sus moléculas activas, que es de suponer que tiene, al margen de que dichos mecanismos esten más o menos descritos, como sí lo están -al menos hasta cierto punto- los mecanismos de acción de los IRSS-, se sugiere, decimos, no sólo el Hypericum (fitoterapia) sinoque al mismo tiempo se aprovecha también para endosarnos fraudes tipo flores de Bach, por ejemplo. Es evidente que esos carísimos productos enmarcados en el paradigma homeopático no producen efectos colaterales como sí los producen desde luego los IRSS, los tricíclicos o los IMAO, pero el problema es que tampoco dan efectos primarios significativos, una vez nos saltamos el efecto placebo y la poderosíma autosugestión. Por cierto, al tema de la autosugestión pienso dedicarle también una entrada, ya que su peso es enorme en el estudio clínico de los fármacos. La mente domina al cuerpo para bien o para mal (yo creo que para bien) y esto es necesario tenerlo nítidamente presente. Aunque de momento me cueste tenerlo en mente, si creo que cada dia la voy perdiendo un poco y otro y otro y otro y…
Sigamos con la fluoxetina. A esta droga de la felicidad, a este primer IRSS ampliamente divulgado, le siguieron otros del mismo grupo farmacológico. Estos fármacos inhiben la recaptación de Serotonina en los espacios sinápticos (especie de huecos entre las neuronas o unidades celulares del sistema nervioso) de suerte que aumentan la concentración de dicha substancia en esos espacios. Esto se traduce “macroscópicamente” con un aumento de la felicidad y el bienestar y, en consecuencia, con una remisión de la emoción depresiva. Todo aquello que aumenta la concentración de Serotonina aumenta nuestra felicidad. Tomar el sol, por ejemplo. O comer chocolate, según dicen algunos estudios. Cuando llega el sol, el buen tiempo y la primavera, todos hemos notado un incremento del estado de ánimo. De hecho, es la serotonina la verdadera “droga” de la felicidad, y es una molécula generada internamente: la substancia exógena, la fluoxetina, sería un “mediador” de sus incrementos de nivel.